Existe la necesidad de un Manifiesto para un nuevo movimiento planetario comunista (que ha de ser anticapitalista, feminista, animalista y ecologista). En el otro extremo de la cuestión, la desintegración social se convierte en un objetivo real para los poderes institucionales (económicos y políticos), a través de la erradicación de la fuente creativa y relacional, individual y colectiva. Para el Capital financiero global, todo sujeto humano ha de ser desposeído de su propia potencia y poder a fin de dejar todo el espacio y tiempo a la sobredeterminación ideológica y la práctica dominantes. En este punto de vista instrumental se enmarcan pues tanto la determinación de la denominada flexibilidad operacional y laboral (flexibilidad superior e inferior) como la formación del sujeto que — en la verdadera lógica del sistema— debería transmitir y transferir el mismo punto de vista instrumental: el profesor. Por consiguiente, las instituciones educativas occidentales necesitan una revolución real que surja desde abajo con el fin de desarrollar una autonomía y un autogobierno verdaderos, también para los alumnos, quienes tienen que recuperar sus vidas futuras (en términos de relaciones creativas mutuas).